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Ángel

ÁNGEL

La vida se cuida sola. Es su instinto secreto, su hado apenas perceptible en carne propia, lo que para muchos no es sino parte del karma, esa energía venida de las acciones del alma al paso de los tiempos y los seres. Ya coincidencia, ya milagro o agnosticismo, esto es un hecho: hay gente inmensamente desparpajada pero con un corazón tan espléndido que va por el mundo esquivando las peores tragedias sin tan sólo entreverlo, gente que deja sus puertas abiertas a los riesgos, escuderos del sol capaces de poner la yema de los dedos con igual naturalidad sobre un párpado que contra el cañón de un amenazante revólver.

Es una peculiaridad de la vida que recobra el tributo de parte del tiempo y del espacio, haciendo que ambos se organicen en torno a ésta, y no al revés. Porque la vida toma de la abundancia, de lo inagotable, y no de la provisión concebida, eso que solemos darle sin advertir que ya se hallaba ahí, y lo empujamos cada vez más al fondo de nuestra despensa sentimental, como quien busca sus gafas puestas o alguien generoso que se culpa todo el tiempo de no serlo.

angel2A veces la distracción de ser me parece simplemente mágica. Veo en la distracción de las otras almas un encanto innombrable que las provee de ternura y asombro. Algunos lo llaman ángel. Aprecio en sus miradas el momento de entrar y salir libre e inadvertido. Me he dejado ver por ellas y en algunas espaldas he concebido un vago calor de alas. Pero cuando me miro a mí no veo nada. No distingo sino una conciencia semidormida tratando de despertar o de entregarse de lleno a los sueños. Sé que una distracción grande me habita, pero suelo espantarla todo el tiempo como una plaga con la escoba de mi raciocinio, y si alguien me dice que me oyó hablar dormido, quisiera que no volviera a pasar sin darme cuenta de alguna manera, o estar atento al sueño a la próxima y despertar enseguida, tal vez disponer junto a la cama una libreta en blanco.

Siento mi vida cuidarse sola al paso del tiempo, como un viajero exhausto que luego de muchos años llega a su destino. Mas nunca ocurre así en el presente y mucho menos en lo inmediato. He vivido con horrores momentáneos, con prolongadas aprensiones, para llegar un día a ver que nada de eso cobró factura en mi ánimo. Aun así, ese compendio de sufrimiento trascendido no me satisface y de cualquier modo me inquieto. Siento siempre abatir a mi ángel de tanto pensar en él, de tanto que intento despertarlo y que se postre de una vez por todas sobre mi suerte, para entender por qué tanta tragedia de la nada y tanta desconfianza del dolor, del rechazo. Quisiera que me paseara más, tener mezquindades y miedos involuntarios, llegar incluso a hacer el mal sin darme cuenta. Y aunque de seguro lo hago, tengo ya en la otra mano mi vara de castigo.

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¡Ay vida, ay años para hacerse y para descubrirse uno! Ay tiempo de los rezos acumulados en alcobas a oscuras. Dios, ¿los recibes?… ¡Oh conciencias nuevas que se ciernen en mi mente hasta olvidar que una vez fui niño, uno que vivía despreocupado y divertido en un tiempo lleno de espacio, cuando nada me hacía justicia y pensaba que los ancianos hablaban con los muertos, que las pelotas voladas sobre la barda volvían por la noche y que todas mis lágrimas hacían llorar a los niños al otro lado del mundo!

Jorge Santana Dingbat

Acerca de Jorge Santana

Mi cuerpo recuerda lo que mi alma olvida.

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