Lo que veo

LO QUE VEO

 

No puedo escribir porque pienso que no tengo nada de que hablar, nada más que agregar. Sin embargo el mundo me habla siempre, ya no sólo la vida, el mundo me dice cosas que amo, detesto o simplemente recuerdo: calles, muros, piedras, huellas que al no encontrar su pie consideré destinos. Lo que me dice el mundo tal vez sea decible en mí, por mí. Puedo barrer las cosas con la mirada y sé que de ese aseo vendrá cierto provecho. Es un pequeño esfuerzo para ser consciente de una garantía, la de que todo está en eterna custodia y basta provocarlo con cualquier sentido para liberarlo.

Miro los arbustos de piracanto podados en el museo y me acuerdo de mis colectas infantiles de “manzanitas”, las indigestiones de haber comido sus granulosas pulpas toda la tarde, mis caídas y raspones entre sus follajes, las figuras que los jardineros más diestros bosquejan en su apariencia sólida cuya textura lo es menos al tacto, follajes que sujetan cosas no muy pesadas: cuadernos, prendas, pelotas; ramajes que también se ofrecían como incómodos escondites de emergencia cuando, ya tarde para hallar uno bueno, te zambullías de golpe en ellos y entonces era posible descubrir de cerca capullos de orugas, telas de araña, basura y mucho de lo que se va alojando en sus breves selvas.

Lo que veo Notas

Lo que veo me llama. Pero fuera de mi memoria su lenguaje es abstracto, un habla de la que me desentiendo. A veces creo que no disfruto demasiado la belleza activa de las cosas, que me quedo en su gozo futuro o en la felicidad de poder recordarlas. Pasa un pájaro. Creo que no sentí nada: pasarán otros más en la vida, otros más para sentir. Con su imagen hago un verso pues, apenas cruza, ya es un recuerdo hecho palabras. Pero el ave real que vuela, que volaba única, se ha ido por completo. Así ocurre con todo, cambios de luz y sombra, leves espasmos de viento en el desgaste edificador de lo efímero. ¿Será posible que todo lo que me rodea pueda ser visto, barrido y escuchado sin imputarle un solo vestigio que no sea el de su imagen pura? Y en cuanto al ave… ¿la habría soñado alguna vez?, ¿estuve sin saberlo atento a ella?, ¿con quién la celebré sin ninguna alegría?

 

Jorge Santana Dingbat

Acerca de Jorge Santana

Mi cuerpo recuerda lo que mi alma olvida. Mi alma recuerda lo que mi cuerpo olvida.

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