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Una galleta

UNA GALLETA

Caminaba por la orilla de la carretera a las afueras de un pueblo cuando de pronto vi una galleta en el suelo, un polvorón mediano y por azar aún entero que seguramente se le habría caído a alguien y lo dejó allí. Esa imagen pasajera no lo fue tanto en mi cabeza y bastó para cavilar en algo significativo en mi vida, pues años atrás seguramente habría pateado o pisado la galleta sin siquiera pensarlo.

Esta vez, en cambio, la dejé donde estaba, con su banquete incipiente de hormigas, incluso cuando por el ritmo de mi marcha le iba a pasar encima. Entonces seguí adelante y pensé que si ese que la habría comido venció el enojo de perderla y, después de todo, continuó su camino sin desatar ese reflejo estúpidamente humano de castigar los instantes a como dé lugar y, con ello, todo lo que se atraviese, cosas o seres, para jugar a creerse el fuerte y demostrárselo; si tal lance ocurrió acaso en el momento tan nimio que una galleta resbaló de unos dedos al suelo: ¿con qué derecho iba yo a imponer un albedrío destructor a la decantación de anécdota en apariencia tan irrelevante?

Jorge Santana notas una galleta

Sé que esto suena a algo ínfimo, pero se trata precisamente de un problema con lo ínfimo, lo diminuto, lo desvalido, y eso no es poca cosa para entender algo del ser, en este caso, el dilema del dejar-ser en general, del dejar, tanto a la vida como al mundo ahí donde están en paz, a menos que algo nos llame a agitarlo, algo que difícilmente será nuestras ganas de destruir. Permitir ser para que se nos permita ser. La falta de sentido es también la ausencia de belleza. La belleza requiere una trasformación siempre renuente para que un sacrificio se convierta en sentido, así sea al cortar una flor o al lapidar el arte mismo. Pero el daño que hacemos sin querer o sólo para divertirnos se muestra con facilidad en símbolos pequeños: una galleta, un objeto cualquiera, un insecto, un niño a quien regañar.

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Jorge Santana Dingbat

Acerca de Jorge Santana

Mi cuerpo recuerda lo que mi alma olvida. Mi alma recuerda lo que mi cuerpo olvida.

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